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El lector principiante

"Imaginaba todas las formas posibles de morir y las analizaba detenidamente buscando encontrar la solución: que sea rápido y sin dolor. Quiere descansar, dormir, no pensar. Sueña con averiguar con sus propios ojos, si en verdad existe esa entrometida paloma blanca a la que le reza mamá, que lo encadenó a una vida sin su previa autorización. Espera que su vacío interior que no cede, al contrario, solo crece, encuentre por fin un aliado en la penetrante oscuridad del espacio. Desea morir para renacer en algo mejor; en un cuerpo ágil y flexible como el del gato o en uno con alas libres como el del halcón. Fútil resignación sintió el suicida cuando tomó la decisión. Convencido está de que aquí, remedio no habrá, y que por más cantos, ofrendas, viajes y cenas, el corazón estaría para siempre desinflado. Es así y así es. No hay remedio. Punto y final. Escrito con tinta y sal.”


El novato lector, desconcertado, cierra el libro con rabia y lo deja sobre el sillón. Se levanta para dar un paseo por la cocina buscando algo de comer y encuentra una botella de vino a la mitad, que lleva un poco más de un mes abierta en el refrigerador. Son las 11:47 de la mañana y se sirve una copa intentando controlar el temblor de sus manos. Sin hacer un solo gesto, vacía la copa en la garganta y se sirve otra, que lo acompaña de regreso a la sala. Observa el libro con repudio, el separador indica que ha leído un poco más de la mitad, pero ya no siente interés de retomar. Toma la pluma que carga en el bolsillo de su camisa y encuentra unas páginas libres al final de la novela abandonada.


“Soy tan principiante en la literatura que el más esencial juego de palabras me conmueve hasta el llanto ¡Qué diferente es de lo que pensaba, esta vida mía que me han permitido conocer los escultores del lenguaje cuando por fin decidí escucharlos! Mientras el escritor escribe, va esquivando el sentimentalismo barato y la rima presuntuosa, formas tan cómodas para nosotros, los de vocabulario limitado que buscamos sosiego espiritual en la prosa de alguien más. Borges afirma que la -nada- que une a escritor y lector, poco difiere; el planteamiento de una sumisión tan sosa del protagonista de esta trastocada novela me recordó mi propia cobardía. Siempre sometido a la búsqueda de esa exégesis adecuada, paralizado buscando "hacerlo de manera adecuada" ¿Qué necesito para escribir? Más de alguno dirá que una maestría en letras, o mínimo que un curso de redacción para escribir una novela. Otros dirán que es necesario un amorío fugaz con el poeta para contagiarme de su prosa ¿Se necesita un repaso exhaustivo de la RAE o el catálogo de adaptaciones inglesas? ¿Deberíamos confiar en que basta un corazón roto y mucho tiempo libre para lamentarlo? ¿Una infancia turbia? ¿La belleza de una flor? ¿Vino viejo? ¿Un padre violento? En estos momentos, esta pluma y este espacio en blanco parecen lo único necesario."