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Cumpleaños 27

Cuando eres pequeño piensas que el tiempo diluirá las dudas y las transformará en certezas. Te platican de la trinidad. De ese Dios todopoderoso que desde arriba escucha tus plegarias y resolverá tu vida conforme a su voluntad, pero yo nunca estuve de acuerdo con la idea de venir de una costilla y con el paso de los años me parecía cada vez más claro que ese Dios al que le rezaba no tenía sus jerarquías bien claras. Si no es capaz de proveer alimento para el hambriento y hacer nuestros corazones buenos a su semejanza para ser buenos hijos y que nuestras madres dejen de llorar de dolor, mucho menos perdería su divino tiempo en alguien como yo. Me di cuenta que ese Dios aliviaba solo las gripas simples y no los dolores del alma y sus magníficos poderes eran usados para banalidades, pero nunca para aclarar las dudas de una niña sin fé, así que finalmente me convencí de que si ese Dios existe, no escucha, y fue en ese momento que dejé de hablarle. Luego del caos que esa inseguridad trajo a mi vida, hoy comienzo a creer. Creo en el Dios que me ha hablado en esos aún efímeros destellos de conciencia y que es luz y también es poesía. Creo en la caricia del viento que se convierte en ola que revuelca. Creo en el dolor propio y ajeno, el más auténtico sentimiento. En la fraternidad del hombre y su capacidad creadora. En la libertad de la mente y los placeres del cuerpo. Creo en esta vida y en este precioso momento.